06:18:27 Miércoles, 19 Junio 2019

Existen muchos mitos y leyendas sobre la historia antigua de las Islas Canarias, entre ellos las que sostienen que sus primeros habitantes provenían del continente perdido de la Atlántida o los que consideran que las islas eran un lugar mágico, las míticas Islas Afortunadas, el paraíso de las mitologías celta y griega.

Se cree que Gran Canaria ya estuvo poblada alrededor del año 500 a.C., aunque hay varias teorías sobre los orígenes de sus primeros habitantes. Una de las teorías más aceptadas es que los nativos (conocidos por la mayoría como “guanches”, aunque el término histórico correcto sería “canarios”) provenían del norte de África y que eran en su mayoría descendientes de pueblos bereberes. Estos guanches vivían de manera muy primitiva, como atestiguan las herramientas y armas encontradas en la isla, y casi siempre en cuevas. Asimismo, se piensa que podrían haber usado rocas y piedras para construir pequeñas estructuras a modo de cobijo, cubriéndolas luego con una techumbre de ramas y hojas. Su principal logro fue la alfarería sin la utilización de rueda alguna.

Tras la caída del Imperio Romano, Europa se olvidó de las Islas Canarias durante casi 1000 años. Hasta que unos marinos mediterráneos las redescubrieron a principios del siglo XIV, los aproximadamente 30.000 aborígenes de Gran Canaria habían vivido una vida relativamente pacífica. Fue entonces cuando cambió drásticamente, ya que italianos, portugueses y catalanes enviaban sus naves a las islas para retornar con esclavos y pieles. A comienzos del siglo XV, empezó el incesante proceso de conquista.

En Gran Canaria, los nativos resistieron con fiereza a la invasión castellana, aunque en 1483 Pedro de Vera, comandante de los ejércitos, había completado la conquista comenzada por Juan Rejón cinco años antes. Muchos guanches murieron o se suicidaron antes de caer en manos castellanas. Los que sobrevivieron fueron forzados a la esclavitud y a convertirse al cristianismo y pronto comenzaron a extinguirse.

Los contactos con el Nuevo Mundo (gracias a la gran emigración hacia Latinoamérica a causa del colapso de las industrias locales) y sobre todo tras la independencia de Cuba en 1898, hicieron nacer los aires independentistas canarios. La mayoría solamente quería la división del archipiélago en dos provincias separadas (Las Palmas y Tenerife), algo que finalmente se consiguió en 1927.

Ya en el año 1912, entró en vigor la Ley Constitutiva de los Cabildos Insulares, que dio pie a que se llevaran a cabo un número de proyectos de infraestructura, como el aeropuerto, las presas y la principal red de carreteras de la isla, poniendo a la vez la piedra fundacional para el desarrollo de la industria turística. Otra fecha clave en la historia de las Islas Canarias es 1982, cuando se firmaron los Estatutos de Autonomía.