20:58:26 Lunes, 22 Abril 2019

“Todas las canarias son como ese Teide gigante, mucha nieve en el semblante y fuego en el corazón...” (canción popular canaria).

Mucho antes de que los primeros marinos europeos arribaran a las Islas Canarias, las siete islas ya estaban habitadas por los guanches (donde “guan” significaría “hombre” y “che”, “montaña blanca”, en referencia al pico nevado del Teide en Tenerife), que fue el nombre común que se le dio a todos los aborígenes, aunque de hecho en cada isla tenían un gentilicio propio. Por ejemplo, los habitantes de Gran Canaria se denominaban “canarios”. Se cree que estos guanches llegaron a la islas entre el siglo V y el I a.C., probablemente de África. Según algunas crónicas castellanas, eran altos, de complexión fuerte, de piel blanca, ojos azules y rubicundos.

Los aborígenes vivían en cuevas, algo bastante lógico a tenor del clima que reina en las islas, ya que la cueva es la solución perfecta tanto para verano como para invierno porque es fría o cálida según la estación y es ideal para almacenar todo tipo de alimentos.

Pero ¿cómo llegaron los guanches a las islas si no hay vestigios de embarcación alguna? En realidad nadie lo sabe a ciencia cierta, aunque se piensa que pudieran haberlos abandonado piratas o que habían podido ser convictos exiliados de Roma o Cartago. Otra teoría señala que podrían haber llegado flotando desde el Norte de África en barcos de juncos.

Costumbres y Tradiciones
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Aunque los aborígenes aprendieron a adaptarse a su modo de vida en estos parajes montañosos y a vivir en cuevas o simples cabañas de rocas y maderos, su sociedad no era tan primitiva: poseían una estructura social altamente sofisticada que variaba según la isla, aunque en la mayoría se organizaban en tribus lideradas por un caudillo, que a su vez era asesorado por un consejo de ancianos. Cuando los castellanos arribaron a sus costas, los nativos ya conocían la alfarería. Sus principales alimentos eran la leche, la manteca, la carne de cabra y de cerdo y algunas frutas. Sus vestimentas consistían en túnicas o chalecos hechos de cuero trabajado. Dejaron unos caracteres en forma de alfabeto y petroglifos, así como pinturas, aunque su significado aún permanece en la oscuridad.

Hoy en día, Gran Canaria posee una media de 517 personas por kilómetro cuadrado, la mayor densidad de población del archipiélago y de toda Europa. Casi la mitad reside en la ciudad de Las Palmas, un lugar con una gran mezcla de etnias y una imagen muy cosmopolita.

Sus habitantes están orgullosos de su tierra, son amables y de fácil conversación, siendo en su gran parte descendientes de los conquistadores castellanos, de colonizadores y de aborígenes asimilados. En general, son de mente abierta, siempre dispuestos a ayudar y enseñar a los visitantes su cultura y su isla.

Como resultado de haber sido un puente entre Europa, América y África durante tanto tiempo, muchos miembros de otras naciones, sobre todo familias de mercaderes y marineros, se han asentado en Canarias desde temprano. Sus descendientes están totalmente integrados en la sociedad isleña, donde nadie les niega su estatus de genuinos canarios.

Casi el 96% de los habitantes de Canarias son católicos y muchos de ellos practicantes, algo que puede verse en las grandes festividades religiosas y en Semana Santa, en la que se celebran numerosos actos en todas las islas.